A PESAR DE TODO, SIGUE ADELANTE - APOSTOL CARLOS GLAUCHE - Un mensaje para aquellos que se sienten decepcionados y están pensando en abandonar.

 



Quiero hablarles a aquellas personas que están atravesando decepciones familiares, ministeriales, matrimoniales o personales. A aquellos que por causa de experiencias dolorosas tienen ganas de abandonar.

¿Cómo seguir haciendo el bien cuando recibimos mal? ¿Cómo continuar amando cuando nos lastiman? ¿Cómo no abandonar cuando aquellos por quienes dimos tanto nos dan la espalda? Y creo que Jesucristo es el modelo perfecto para enseñar esto. Él experimentó el rechazo, la traición, la ingratitud, la soledad y el abandono, pero ninguna de esas experiencias logró desviarlo de su propósito: Amarnos hasta el final y darnos salvación.

-Jesús fue rechazado: “A los suyo vino y los suyos no le recibieron…”

-Jesús sufrió la ingratitud: basta recordar la historia de los 10 leprosos, o los pocos, muy pocos que permanecieron con él a los pies de la cruz

-Jesús fue traicionado: Solo basta con mencionar el nombre “judas”

-Jesús fue abandonado: Recordemos como quedo solo en el huerto de Getsemaní.

Pero a pesar de todo esto Jesús continuo, a pesar del dolor cargo la cruz. ¿Sabes por qué? Porque él no permitió que las malas experiencias destruyeran su esencia. No permitamos que las malas experiencias nos conviertan en personas amargadas, no permitamos que las malas experiencias nos alejen de nuestro propósito.

Lo que nos mantiene firmes en medio de las tormentas de la vida, es lo que llevamos debajo de los pies: El cimiento, las raíces.

Una casa solo se mantiene en pie ante los sacudones más fuertes si tiene buenos cimientos. De la misma manera nuestra vida solo puede resistir los terremotos de la vida si estamos plantados sobre la Roca firme.

 

Un árbol puede atravesar tormentas, perder ramas, soportar sequías y recibir golpes del viento. Sin embargo, cuando sus raíces son profundas, puede volver a florecer y dar frutos.

Las tormentas pueden lastimar sus ramas, pero no necesariamente destruir sus raíces.

Así también ocurre con nosotros.

Podemos haber sufrido rechazos, traiciones, ingratitud y abandono. Podemos haber perdido personas, oportunidades y cosas que amábamos. Pero si nuestras raíces permanecen en Cristo, todavía podemos volver a florecer.

Que las heridas no te quiten los frutos. Que las traiciones no te roben la capacidad de amar. Que el rechazo no te haga dudar de tu valor. Que el abandono no te haga olvidar quién camina con vos. ¡Todavía hay propósito, todavía hay camino y todavía hay mucho fruto por dar!

 

No permitas que lo que te pasó determine lo que vas a ser. Un mal día, una mala temporada no define tu historia.

Podés haber sido rechazado, traicionado, olvidado o abandonado. Pero tu historia no termina en la herida. En Cristo siempre hay una razón para continuar.

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