OJO POR OJO

 


 

38 »Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. 39 Pero ahora yo les digo: no te pongas en contra de una persona mala. Mejor, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, deja que te pegue también en la otra (San Mateo 5:38-39)

 

 La ley del talión fue un principio de justicia retributiva que establecía básicamente que el castigo debía ser idéntico al crimen cometido. Su origen se remonta al código de Hammurabi fechado en Babilonia, 1800 años antes de Cristo y fue practicado también por los hebreos. En el Antiguo Testamento nos encontramos con esta ley. La frase más conocida en referencia a esta legislación que le otorgaba al damnificado reclamar venganza es: “ojo por ojo, diente por diente” Esto se aplicaba a todo! Mano por mano, animal por animal, vida por vida, etc.

 Durante su pasión y muerte Jesús sufrió los peores padecimientos a los que un ser humano pueda enfrentarse, no solo en lo físico, ya que sabemos que el castigo fue atroz, sino también en los sentimientos, que en muchas ocasiones duelen más que los golpes, las heridas emocionales duelen más que el látigo porque son puñaladas al corazón. No solo el cuerpo entero de Jesús sangro, sangro también su corazón.

  Piensen en esto, en aquel momento…

 -Los discípulos huyeron de miedo como ratas

-Uno lo traiciono vilmente y el otro lo negó

-Los que fueron beneficiados por sus palabras y milagros ninguno apareció en su defensa.

-Pilatos se lavó las manos

-Las mujeres miraban de lejos…

-Siendo el amo y señor de todo murió prácticamente solo.

-Hasta el Padre lo tuvo que abandonar ya que en ese momento Jesús cargaba en si el pecado de toda la humanidad, por eso dijo: “Eli, Eli, Lacma sabatani” “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has desamparado?”.

 En su agonía Jesús era consiente de todo, de las traiciones, las ausencias, de quienes le habían mutilado el cuerpo y su alma también. Finalmente expiro, fue puesto en una tumba pero al tercer día, como estaba profetizado, resucito. Ahora estaba revestido de gloria y poder, ya no era el “perdedor de la película” sino el victorioso!. Había derrotado a la muerte! Así que ahora tenía por delante la eternidad para ejecutar un plan de venganza. Tenía el derecho de aplicar el “ojo por ojo” pero no, decidió cambiar la venganza por perdón, el resentimiento por amor…

 -A las mujeres las hizo sus mensajeras

-Fue a buscar a Pedro para restaurarle la confianza

-Volvió a reunir a sus discípulos a la mesa.

-Ayudo a Tomas el incrédulo a creer

- Y a mí, que me vio aquella mañana entre la multitud lejano e indiferente, me vino a buscar y me amo, me perdono y me hizo su amigo!

Y sabes porque?...

 

PERDONAR ES RENUNCIAR AL DERECHO A VENGARSE

 Este es el verdadero perdón. Así perdono Jesús. Él podía vengarse, o aplicar justicia, pero no lo hizo sino que nos perdonó y nos cubrió con un manto de amor.

 ¿Te han herido? ¿Te han lastimado? ¿Te han abandonado? ¿Han sido injustos contigo? ¿Te han arrancado una parte de tu corazón, de tu inocencia, de tus sueños? Puedes pretender si quieres el “ojo por ojo” y vengarte o puedes imitar a Jesús.

 Cuando hablo de venganza podemos imaginar el contratar a un sicario,  reventarle el ojo a alguien,  mutilarle la mano al que te robo, o cortarle la lengua al que hablo mal de ti (que no sería mala idea verdad?!). Hay otras formas sutiles de venganza en nuestros días, y que son venganza al fin: Dañar la reputación de alguien en las redes sociales o en una conversación de amigos cuando la persona en cuestión no está, hacer daños espirituales,  o simplemente desear todos los días de tu vida y con toda tu alma que a esa persona le vaya mal…esto también es venganza!

 Tú tienes el Espíritu de Cristo…Renuncia al derecho de vengarte, te aseguro que:

 -Tendrás paz duradera

-Te sentirás más liviano

-Cerraras el Pasado

-Y sobre todo contentaras el corazón de tu amado Salvador

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